OPOSICIONES DOCENTES Y CALIDAD EDUCATIVA (publicado hoy en la edición impresa del ALERTA)

OPOSICIONES DOCENTES Y CALIDAD EDUCATIVA

Las oposiciones en educación son absolutamente necesarias para mejorar la calidad educativa; afrontar un proceso riguroso de formación y preparación de oposiciones docentes aumenta la aptitud de cualquier profesor, sea o no interino.

En primer lugar, quiero aclarar que escribo estas líneas como docente funcionario desde hace dieciocho años, como opositor que ha superado dos oposiciones a los cuerpos docentes y, por último, como formador de grupos de opositores en diferentes academias -desde hace diez años-.

En segundo lugar, quiero dejar claro que mi postura es completamente independiente. No está relacionada con ningún planteamiento sindical.

En tercer lugar, quiero añadir también que no es asunto de este texto valorar la forma del proceso (posiblemente mejorable); no obstante, en absoluto comparto las tesis -que mantienen algunos sectores de la comunidad educativa- que califican las oposiciones educativas como “trámite” o “criba”. Opiniones que denotan cierto tono peyorativo y minusvaloran el procedimiento.

Mi postura es radicalmente opuesta: afirmo que las oposiciones en educación (me centraré en el cuerpo de maestros, aunque lo aquí afirmado se puede hacer extensible a otros cuerpos) son absolutamente necesarias para la mejora de la calidad educativa -de la misma manera que el MIR es absolutamente necesario en la formación de médicos de calidad-, puesto que requieren de una formación continua completa, amplia y exhaustiva y “rescatan” habilidades que resultan fundamentales en el trabajo docente. Mi postura se fundamenta en mi experiencia, en los requisitos y enormes exigencias que demanda la formación de futuros docentes y en las opiniones y vivencias recogidas entre los opositores durante los últimos años.

Analizaré brevemente las fases de las que consta el procedimiento añadiendo lo que, a mi juicio, aporta cada una de ellas a la configuración de profesionales docentes de calidad.

La primera prueba -en la que el opositor debe elaborar un temario personalizado sobre uno previamente determinado por la administración- permite consolidar elementos teóricos fundamentales adquiridos a lo largo de los años de formación universitaria y formación continua, aunando así perspectivas clásicas y actuales relacionadas principalmente con aspectos didácticos de las áreas de aprendizaje y la organización escolar. Muchos han sido los alumnos que han admitido que la elaboración del temario, primero, y el estudio de los temas, después, les ha permitido recordar y aplicar teorías y estrategias que tenían olvidadas (las de Piaget, por ejemplo) y, al mismo tiempo, tomar contacto con perspectivas y líneas innovadoras y actuales (la Neuroeducación, por poner un ejemplo).

La segunda prueba -en la que se debe resolver una cuestión práctica aplicando la didáctica requerida y la legislación educativa tanto estatal como autonómica -bastante amplia por cierto- requiere un análisis y una interpretación en profundidad de la legislación, exige habilidades de relación entre las demandas legales y la aplicación de determinados procedimientos tanto legales como pedagógicos.

En la tercera prueba es en la que el opositor debe de tomar y plasmar, en una planificación docente anual, una de las decisiones más importantes de su futura carrera profesional, decisión que toma forma de respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué arquetipo o clase de profesor quiero ser y me considero? Debe trazar en una programación docente su ideario pedagógico filosófico y su pensamiento práctico. Para ello contará con todas las aportaciones teórico-legales adquiridas en las pruebas anteriores, debiendo hacer, posteriormente, una defensa oral de sus planteamientos, haciendo uso de su oratoria frente a un tribunal.

Por último, la fase de concurso -en la que el opositor debe aportar méritos, que van desde la experiencia docente hasta la formación académica y la formación continua-. El perfil de los opositores en los últimos años -especialmente desde el 2009- ha visto cómo ha ido incrementando su nivel de formación exponencialmente. Creo que nunca hemos tenido maestros con tanta formación como hasta la fecha, maestros con dos y hasta tres titulaciones de grado, licenciaturas en Psicopedagogía, Pedagogía, y Psicología -por citar las más comunes- con el B2 en lenguas extranjeras -Inglés principalmente-. He tenido alumnos con -ojo, fíjense- C1 en Inglés y B2 en Francés y Alemán además de dos titulaciones de grado. Estoy en condiciones de afirmar que jamás ha habido opositores en la historia del magisterio con tanta formación, y necesitamos a estos opositores, los necesitamos.

Me gustaría concluir que, aunque se tenga la idea o la convicción de que las oposiciones “no sirven para aprender nada” o “no sirven para demostrar si eres o no un buen profesor” han sido muchos los opositores -tanto recién titulados como interinos con amplia experiencia- que, al terminar los cursos de formación, han expresado lo mucho que han aprendido –sí, han leído bien, aprendido- y han expresado su acierto por haber hecho el enorme esfuerzo de acudir a clases – porque acudir a clases todas las semanas dos o tres horas supone un esfuerzo- y también estudiar todos los días durante varias horas. Porque, sí, estudiar una oposición supone una gran dedicación  que los opositores actuales, los futuros maestros y maestras de sus hijos e hijas, están dispuestos a realizar para tener un puesto de trabajo y ser mejores profesores.

Jamás ha habido opositores con tanta formación como hasta ahora, y los necesitamos. Jamás ha habido exámenes tan exigentes como los de ahora, y los necesitamos. Cuando, como profesor, me preguntan que quién considero el mejor profesor, respondo que “aquel que mejor nota sacó en la última oposición”. Cuando, como padre, me preguntan que qué profesor me gustaría para mis hijos -que se encuentran en la escuela primaria- respondo que “cualquier opositor u opositora que aprobó la última oposición, a ser posible, quien sacara la mejor calificación”.

Una oposición mejora la calidad educativa. Cuanto más exigente mejor. Por eso debe de haber exámenes. Exámenes de calidad para maestros de calidad.

Arsenio Rivero Fernández

 

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